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Los nuevos signos de la emoción

Los nuevos signos de la emoción :) =  J Hace unos años ¿quién se iba a imaginar que los puntos : y los corchetes ( ) podían juntarse y producir una carita feliz  J  o una triste :( ? Cada vez vemos que la necesidad de contar sentidos y emociones nos están llevando a recurrir a signos que eran exclusivos de otras disciplinas, como el :, el ; (. Este sutil cambio de orientación y de sentido ha llevado a la comunicación a nuevos niveles, ahora el autor puede decir no sólo lo que piensa sino también lo que siente.  Dos puntos y corchete es el inicio de una masiva irrupción de signos que harán del lenguaje un territorio vital, emotivo, cargado de símbolos y de significaciones.  Dos puntos y corchetes son una nueva revolución en la escritura, como la invención de la imprenta, la aparición de los signos de puntuación y la evolución del teclado.  Para uno como autor, los dos punto y corchete (:) son la intención que quier...

Yo Salustio, el escritor

Yo Salustio, el escritor Serie Relatos demasiado cortos Por Esteban Ortiz   "Sigan, sigan señores y señoritas que la vida no se presenta así de bueno siempre". vociferaba un señor en medio de un parque muy transitado.  -Y Uds. ¿por qué creen que yo estoy aquí?¿ esperando un bus, esperando un transporte, esperando un cable aereo? No señores estoy aquí por una voluntad divina, por una cosa hermosa y porque algunos le dicen primorosa. No es un remedio, ni remedio que cura, ni cura que sana, ni sana que sana colita de rana. Es una bendición, es un placer, es eso que hace que aquella bendición funcione como placer. No, no, no se preocupen que no los voy a aburrir, ni tampoco a dormir. Es que el que tenga ojos que vea, el que tenga oídos que oiga, el que tenga manos que las cuide y el que tenga lengua que no se la vaya a morder. Si señores, acérquense que esto no pica, que esto no jode, que esto más bien vuelve i nteligente a los más sabios, sabios a los maestros,...

El pequeño Cristóbal

El pequeño Cristóbal de la serie Relatos demasiado cortos  por Esteban Ortiz  En aquella época del año donde nunca es mediodía. Ese cielo gris, que aproxima la nieve, acompaña esta historia. Cristóbal, nuestro protagonista, se encontraba un día con sus padres de paseo. Esa mañana el padre de Cristóbal le había propuesto a la familia un día de campo; ya que al acercarse el invierno los días de campo se pospondrían hasta el próximo año. Unas dos semanas atrás los días empezaron a ser más cortos y el viento más frío, y las estancias en la casa más prolongadas, y en muchas veces, aburridas. En los últimos días el campo se despedía a través de las ventanas; se había puesto sus mejores galas, vistiendo los trajes más exquisitos y elaborados, árboles vestidos de rojo, amarillo, azul y gris en sus tonos más exclusivos. Esta campiña, al igual que las otras, parecía en disputa por el mejor vestido o el mejor arreglo. Después de estos certámenes de belleza parecía como s...

Atado

Atado de la serie Relatos demasiado cortos  por Esteban Ortiz  Tomar la decisión de volarse era inútil. No había barrotes, ni cerraduras, ni mucho menos candados. Él estaba unido a ese lugar a conciencia. Con el tiempo había labrado una prisión en el mismo sitio que consumía sus alimentos, en la cama que dormía con Ella. Su esposa, su exquisita mujer, lo tenía subsumido. En el pasado, cada vez que quería salir de esa casa aparecían imágenes de Ella como fogonazos, escuchaba nítidamente su respiración, sus leves y cercanos quejidos; y en especial recordaba sus orgasmos lentos y barrocos. Esas imágenes continuaban, le manipulaban y lo amarraban indefinidamente a ese espacio. Sin duda, a él le gustaba esa opresión. Su mente deambulaba por el ambiente, su mal aliento lo acompañaba, su mirada obnubilada estaba pegada al televisor. Sus manos, que en otro tiempo escribían copiosamente, ahora tan sólo servían para cambiar canales. Era una sombra desdibujada del fugaz y le...

“Corre, corre, huye por tu vida”

“Corre, corre, huye por tu vida” de la serie Relatos demasiado cortos  Por Esteban Ortiz  - “Corre, corre” gritaba su madre. Ese día Cartagena de Indias estaba revolucionada. A lo lejos se escuchaba un clamor, la muchedumbre se iba agolpando en la Puerta del Reloj. El rumor crecía con los minutos, las almas se sumaban, iban llegando como en tropel. El bullicio subía y parecía que las murallas empezaban a ceder.  Una voz fémina grita –“Imagínense yo una puta. Por qué no pensó en alguien diferente. Por qué no puso a su misma madre, ¿dónde está ese escritor?” preguntaba Amaranta. -“Por lo menos a ti te dejó en la tierra ¿qué tal a mi enviarme a los cielos? Me condenó a una vida aburrida. Malnacido ese” increpó Remedios la Bella. En la plaza, Aureliano se compadecía, sin entender muy bien su triste desenlace: “¿Fusilado yo? ¿Mi muerte así? ¿Qué hice yo para merecer este final?”.  La multitud de personajes fueron sumándose y creciendo en in...

Iluso

Iluso de la serie Relatos demasiado cortos  por Esteban Ortiz  -“Iluso, realmente eres un iluso”. Le repetía Ella sin cesar. Quería ser escritor y a lo sumo escribía dedicatorias, firmaba cheques y hacía cuentas con el poco salario que percibía. -“La escritura para ti es un embeleco” seguía reprochándole su mujer, mientras cerraba la puerta de su minúsculo apartamento. Por mucho que lo quería hacer, escribir era un deseo latente, una pulsión intrínseca y un anhelo confundido. Un concurso en su correo electrónico había activado esa mísera ambición: “Escribe cuentos - Gánate un e-reader”. No entendía bien de qué se trataba el premio, pero la posibilidad de escribir se alojó en su mente de nuevo. Especuló en que tal vez era un genio en la sombra, y que de pronto su suerte sería distinta. Trató de recordar ejemplos de talentos descubiertos en la edad adulta. Recordó a Montaigne, Chejov o Saramago. Tomó aire y alojó en sus pulmones buenas intenciones. Apret...

La muerte del escritor

Relato 1. La muerte del escritor  De la serie RELATOS DEMASIADO CORTOS Por Esteban Ortiz No vio venir que se iba a morir. Su mirada lánguida apenas reflejaba la locuacidad de un hombre que tuvo lo que en la tierra la gente valora: ingenio, oportunidades y una vida por poco exitosa. Su respiración apenas inflaba su costado. Su sonido era un leve silbido, de esos ruidos que a los médicos saben ponerle nombre. Sus ojos hundidos, esquivos, huidos, apenas, sólo apenas, tenían vida. De vez en cuando un parpadeo, mostraba alguna tensión latente. Era el de la cama 23, Su nombre no sonaba a nada y mucho menos recordaba su historia. Podía haberse llamado Gabriel, William o Juan, ni él sabía cómo se llamaba. Ya nada importaba. Lo que importaba era el lento paso del tiempo, marcado por un ruido penetrante: un atroz tic tac. Lo único que sonaba en esa habitación era el respirador artificial. Aquel hombre tumbado, apenas tenue, sobresalía entre las sabanas. Aquell...